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Lectura Semanal de la Tora – Devarim

pensamientos varios…

Compartimos enseñanzas y reflexiones  para la lectura semanal de la Tora, el capitulo DEVARIM


por Rabino Aaron Ribco

tomado de su  libro: Un principio sin final


*** “Dispongan para ustedes varones sabios, experimentados y conocedores… y yo los nombraré vuestros líderes” (Deuteronomio 1:13).

 

En la elección de sabios que colaborasen en la conducción del pueblo, Moshé buscaba hombres “experimentados”. Esto significa que ellos debían estar en contacto estrecho con la gente, respetarlos, amarlos, conocer y atender a sus verdaderas necesidades.

 

Hoy en día, igual que Moshé en el desierto, debemos procurar que al elegir nuestros líderes, éstos posean los atributos y virtudes que les permitan cumplir cabalmente su misión, atendiendo de forma íntegra y responsable los verdaderos intereses de la comunidad.

 

*** Cierta vez surgió una controversia entre la esposa de Rabí Zeev y la señora que trabajaba en su casa. La señora del rabí había acusado a la empleada de la rotura de un objeto muy valioso, exigiéndole su pago. La criada negó la acusación y se rehusó a pagar. La discusión se prolongó, resolviendo la esposa llevar el caso al tribunal rabínico.

 

Rabí Zeev, al ver que su esposa se preparaba para ir a casa del rabino del pueblo, se vistió con sus mejores ropas. La mujer le preguntó por qué lo hacía, a lo que Rabí Zeev respondió que también él se disponía a ir a casa del rabino.

 

Su esposa se opuso alegando que el asunto no era digno de él,  además, ella se sentía preparada para exponer su caso ante el tribunal.

 

“No lo dudo”, respondió Rabí Zeev, “pero esa pobre inocente, tu criada, no sabrá exponer sus argumentos, yo quiero servirle de negociador, puesto que no tiene quien abogue por ella”.

 

*** Se cuenta que el Emperador Franz Josef de Austria, cierta vez pasaba frente a una Sinagoga en la noche de Tishá Be Av. Allí vio a decenas de personas sentadas sobre el suelo condoliéndose y llorando por la destrucción del Beit Hamikdash, el Templo Sagrado de Jerusalén, leyendo Meguilat Eijá, las Lamentaciones.

 

Después de observarlos por un buen rato exclamó a sus acompañantes: “un pueblo que durante tantos años es  capaz de lamentar la pérdida de su independencia y de su tierra, en realidad no la ha perdido,  algún día volverá a ser dueño de la misma”.

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