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La fe sin soledad

La primera enseñanza que obtenemos de este maravilloso cuento es que LA SOLEDAD ES LA RAÍZ DE LA LOCURA…

Rabí Najman de Breslev nos cuenta una maravillosa historia acerca de un rey que poseía todo cuanto quería: poder, riquezas, conquistas. Pero lo más preciado que tenía era su único hijo, el heredero del reino.
Desgraciadamente, el hijo del rey se volvió loco y decidió que era un pavo. Se quitó toda la ropa y cloqueaba bajo la lujosa mesa de comedor del rey. El príncipe se negaba a comer la comida real, prefiriendo hurgar entre las migajas de pan y huesos. Aleteaba alrededor con sus tontas alas de papel y cloqueaba tan fuerte que los invitados a palacio tenían que ponerse tapones en los oídos, cuando venían a ver al rey. El rey también proporcionaba protectores para las piernas a sus huéspedes, para protegerlos de los picoteos del príncipe-pavo.
El rey estaba muy triste. Envió avisos a los más grandes médicos, psicólogos, e hipnotizadores. Y así, un doctor llegó  al palacio, examinó al príncipe-pavo y dijo que le daría una pastilla que calmaría su aleteo constante. La pastilla sólo le causó frecuentes accidentes y le hizo quedar despierto durante toda la noche, cloqueando más alto que nunca.

El psicólogo trató de llegar hasta el fondo del problema validando sus sentimientos de pavo. El príncipe-pavo, sin tener en cuenta los murmullos del psicólogo siguió picoteando en los tobillos del frustrado psicólogo hasta que se escapo lloriqueando. El rey, que amaba tanto a su hijo, no sabía lo qué hacer. Todo el dinero y el poder del mundo no le servían para nada, estaba desvalido.

Hasta que un día, un Sabio apareció en el palacio. Él había oído sobre el problema del rey y dijo confiadamente: “Yo puedo curarlo”.

Llegado a este punto, el rey ya no tenía nada que perder. El Sabio explicó que sus métodos podrían parecer un poco raros, pero era obligatorio que le dejaran hacer las cosas según su criterio. El rey concordó e instruyó a todos sus criados hacer exactamente lo que decía el Sabio, aun cuando lo que él pidiera pareciera muy extraño…

Inmediatamente, el sabio comenzó a poner su método alternativo en práctica. Se quitó toda la ropa, se puso alas de papel y se sentó al lado del Príncipe-Pavo bajo la mesa real. El príncipe le miró graciosamente, y aún siguió comiendo sus migajas y huesos. El sabio también comenzó a picotear en los restos.

“¿Quién eres? ¿Qué haces aquí?”, preguntó el Príncipe-Pavo.

El sabio contestó a su pregunta con otra pregunta: “¿Quién eres tú?, ¿¿y qué haces tú aquí??

“Soy un pavo”, contestó el príncipe.

“Genial, yo también soy un pavo”, contestó el sabio.

El Príncipe-Pavo estaba contento de encontrarse con otro pavo, y rápidamente se hicieron buenos amigos. Cacarearon y picotearon juntos todo el día.

Al día siguiente, después de comer el desayuno de pavo hecho de migas y suciedad, el sabio señaló a un criado para que le lance dos camisas debajo de la mesa, y se puso una de ellas. El Príncipe-Pavo quedó perplejo.

“¿¿Qué estás haciendo??”, preguntó el confuso Príncipe-Pavo.

“Me pongo una camisa. ¿Piensas que pavos no llevan camisas? Puedes ser un pavo y aún tener una camisa puesta”.

El Príncipe-Pavo se encogió de hombros y se puso la otra camisa.

Al día siguiente, después de jugar un juego de pavos, el sabio le indicó a un criado que le lance debajo de la mesa dos pares de pantalones, y se puso uno de ellos.

El Príncipe-Pavo quedó perplejo. “¿¿Qué estás haciendo??”, preguntó al sabio.

“Me visto pantalones. ¿Piensas que pavos no llevan pantalones? Puedes ser un pavo y aún tener pantalones puestos”.

El Príncipe-Pavo se encogió de hombros y se puso el otro par de pantalones.

Al día siguiente, justo después de los ejercicios mañaneros diarios de cacareo, el sabio señaló a un criado para que traiga debajo de la mesa platos plenos de los alimentos reales más finos, sanos y deliciosos de la mesa del rey. El sabio comenzó a comer la comida real.

El Príncipe-Pavo quedó perplejo. “¿¿Qué estás haciendo??”, preguntó al sabio. “Estoy comiendo comida real. ¿Piensas que pavos no pueden comer una  comida real? ¡Puedes ser un pavo y aún comer comida real!”.

El Príncipe-Pavo se encogió de hombros y se puso a comer la comida real.

Al día siguiente, el sabio inició la etapa final de su operación. El sabio se levantó, se quitó toda la suciedad de su ropa, y se sentó a la mesa del rey. El Príncipe-Pavo quedó perplejo. “¿¿Qué estás haciendo??”, preguntó al sabio. “Me siento a la mesa. ¿Pensabas que los pavos no se sientan a la mesa? Puedes ser un pavo y aún sentarte a la mesa”. El Príncipe-Pavo se encogió de hombros, se levantó, se sacudió de encima toda la suciedad de su ropa y se sentó también a la mesa del rey.

Durante algunos días, el sabio y el Príncipe-Pavo se sentaron juntos a la mesa del rey, vestidos con ropa real y comiendo la comida real. Por fin, una mañana, mientras el sabio y el Príncipe-Pavo bebían a sorbos un poco de café turco, el príncipe empezó a mirar a su alrededor, miró el comedor real, todas las pinturas lujosas, las delicadezas, los criados y, finalmente – a su padre, el rey. Él finalmente entendió: ¡Él era un príncipe, no un pavo!
FIN

He de decir que la primera vez que escuche esta historia de boca de mi maestro el Rab Natan Grinberg, me pareció algo extraña. El Rab nos pidió que cada uno pensara en la moraleja que el cuento de Rabi Najman podía tener y regresáramos al otro día con una respuesta.
Y bien, que significado puede tener la historia sobre un príncipe que cree que es pavo.

La historia del príncipe-pavo nos viene a enseñar entre otras cosas uno de los fundamentos más importantes de la fe que una persona debe tener en su Creador, veamos como:

El príncipe estaba acostumbrado a tener todo lo que quería, su padre el rey, ocupado con los asuntos del reino, no tenía tiempo para hacerse cargo de la educación de su hijo por eso era educado por los mejores maestros y comía los manjares más exquisitos, a fin de cuentas era el heredero del reino por lo que siempre estaba rodeado de gente dispuesta a hacer todo cuanto él decía. Y sin embargo, rodeado de gente el príncipe se sentía sólo, los sirvientes hacían lo que debían, si no, ponían en riesgo sus vidas, los maestros solo le informaban, no se encargaban de formarlo como ser humano y su padre, el rey, nunca estaba ahí porque los reyes no pueden desocuparse de su reino. Sí, el príncipe se sentía solo, tan solo que se volvió loco.

La primera enseñanza que obtenemos de este maravilloso cuento es que LA SOLEDAD ES LA RAÍZ DE LA LOCURA. El príncipe desesperado por obtener la atención de los que lo rodean o simplemente dejándole de importar todo no hubiera enloquecido si no hubiera estado tan solo. Todos los expertos que pasaron por él, no tenían intención alguna en sacarlo de su problema sino simplemente cumplir con su trabajo hasta que llegó el sabio.

La primera pregunta que hace el príncipe es ¿Quién eres tú?, el sabio en vez de responderle directamente le dice ¿y Quien eres tú? Diciéndole en otras palabras: Mira aquí estoy yo, sentado junto a ti, no estas sólo, me intereso por ti, ¿Quién eres tú? Es lo primero que debo saber. ¿Eres un pavo? Yo también soy un pavo, somos iguales. Primero debo escuchar lo que tienes que decir, posiblemente esa es la manera en la que te puedo ayudar. Sí, primero te escucharé y luego hablaré yo.
Un bello principio que realmente debemos usar en nuestra vida cotidiana con el prójimo, con nuestra pareja, con nuestra familia, a veces no necesitas decir nada, simplemente estar allí, simplemente tener una mano de apoyo. Muchas veces la gente no busca nuestro consejo sino simplemente una persona con la que puedan contar, una persona que los escuche. Una enseñanza al nivel del hombre con su prójimo, que si aplicamos día a día seguramente nuestras vidas serán mejores. Y aún así hay muchas cosas más que aprender de ésta historia, sobre todo a nivel del hombre con Di-s, veamos:

Ya dijimos arriba que la soledad es la raíz de la locura y ya escribieron nuestros sabios que una persona no peca a menos que entre en él un espíritu de locura, entonces por deducción simple obtenemos que una persona no peca a menos que se sienta solo y esa es precisamente la gran enseñanza de esta historia, la persona peca cuando siente que El Creador no está con él, que cualquier prueba no será superada por sencilla que parezca porque Hashem lo ha abandonado. Y ese es precisamente el juicio que El Creador hará después de 120 años, ¿Por qué pecaste si sabias que yo estaba contigo? ¿Por qué te sentiste solo? ¿Qué no estaba yo ahí?

Yo se que muchos de ustedes a veces siente flaquear, sobre todo cuando la familia, los amigos y el círculo cercano reacciona a veces con burlas y a veces con hostilidad, es casi imposible no sentirse solo en un mundo que te mira con indiferencia en el mejor de los casos o que está en tu contra en el peor, pero ustedes saben la verdad, saben que su camino es correcto y que al fin de cuentas su recompensa será inmensa. Todo lo que deben saber (saber, no creer) es que ese es uno de los grandes fundamentos de la fe, saber que Hashem está con nosotros todo el tiempo, a cada instante, que si Hashem me ha puesto una prueba puedo superarla, que no hay lo que temer incluso si todo el mundo se pone en contra nuestra, es saber que no estamos solos y que nunca lo estaremos y por supuesto que aunque nos pasen cosas malas todo es para bien o para mejor.
Si sabes eso, nadie nunca se podrá interponer en tu meta de vivir una vida plena, si sabes eso, es lo que te convierte en hombre libre, si sabes eso estas cumpliendo con el objetivo que el Creador Tiene para ti y no hay nada más bello que eso.

Esa es la esencia del primer mandamiento noájida de creer en un solo Di-s, creer en Él es saber que esta aquí, en este momento contigo aunque sientas que todo el mundo esta en tu contra.

Acerca de Rab Daniel Askenazi

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