Novedades
Inicio / Artículos / El tiempo y la eternidad- Parashat Va’etjanan
El tiempo y la eternidad- Parashat Va’etjanan
fuente - wikipedia

El tiempo y la eternidad- Parashat Va’etjanan

“Cuando mañana tu hijo te pregunte, diciendo”- Parashat Va’etjanan

 El tiempo y la eternidad

Uno de los más delicados problemas que enfrentamos es como abordar el concepto de eternidad. Podemos entender el devenir y el paso del tiempo, pues es parte de nuestra experiencia de vida, como seres limitados y también podemos entender de forma abstracta la idea de eternidad, como una dimensión “más allá” o por encima del tiempo.

Pero nos preguntamos: ¿Tienen algún punto en común? ¿Cómo se relacionan uno con el otro?

En nuestra época, en la cual las matemáticas ya son de conocimiento general y ocupan gran parte de nuestro pensar, se nos hace difícil desligarnos de la idea del tiempo que fluye como una flecha desde el pasado hacia el futuro en forma homogénea y continua (en contraposición al sentido del tiempo que tenían muchos pueblos antiguos, influenciados por los mitos y su idea de tiempo circular). Esto nos puede llevar a un común error, producto de la búsqueda de la relación de la eternidad con el tiempo. Muchas formas de pensar, al entender a la eternidad como fuera del tiempo, no logran desligarse de la forma homogénea del tiempo, como una suma de instantes, llegando a entender que la eternidad, indefectiblemente, debe pertenecer a otra dimensión, por lo cual la única manera de aparecer en la dimensión temporal debería ser interceptando perpendicularmente a la línea abstracta del tiempo. Esto conduce a una especie de fragmentación la cual intenta buscar la eternidad en el instante, un momento que esta desconectado de todo lo demás, aislado pero eterno.

Podemos ver este error en muchas enseñanzas que abundan en nuestro tiempo, donde se nos dice que “lo importante es el HOY”, lo importante es vivir el “Momento” y estar conectado solo con el presente. (como a veces es abordado de forma poética y romántica: “Carpe diem. Vive el momento.”)

En cambio, nuestros sabios, que desde ya no le quitan valor al presente (como sabemos bien por la tradición judía) nos enseñan el entrañable valor del futuro. Por ejemplo, en la fiesta de Pesaj, donde se enseña a toda la humanidad que la libertad es posible, se nos relata en La Hagada de Pesaj, que hay cuatro hijos que preguntan durante el Seder: El sabio, El malvado, El simple, El que no sabe preguntar. Dos de ellos reciben respuestas positivas. El Sabio Y el simple. ¿Por qué?

Sobre El sabio está escrito (En al parashá Va’etjanan): “Cuando mañana tu hijo te pregunte, diciendo: ¿Qué significan los testimonios y los estatutos y los decretos que el SEÑOR nuestro Dios os ha mandado?” (Deuteronomio 6,20). Sobre El simple está escrito:” Y será que cuando tu hijo te pregunte el día de mañana, diciendo: “¿Qué es esto?, le dirás: “Con mano fuerte nos sacó el SEÑOR de Egipto, de la casa de servidumbre.” (Exodo 13, 14)

Los dos hijos que reciben la aprobación de sus padres son quienes pueden esperar hasta mañana, y también quienes hablan (en el malvado no aparece el verbo: “diciendo”, y quien no sabe preguntar desde ya no habla).

La Palabra y el Mañana (el futuro) son dos aspectos cruciales del judaísmo, alrededor de estos podemos encontrar profundas raíces de la Sabiduría y la Fe judía.

La búsqueda y el anhelo de la unidad no solo se refiere a una cuestión teológica, sino que está relacionada al tiempo y la eternidad. Como explico un sabio: “Dios ve la vida del hombre como una unidad”, no como instantes o fragmentos desconectados, sino como un conjunto único y lo que es “uno”, se adhiere a la eternidad.

Así también se entiende en el judaísmo el “Mundo venidero”, el cual pertenece a la eternidad, pero no por esto está desligado de nuestro mundo. Su significado es la “corrección” del mundo que nosotros conocemos, el “Tikun” de este mundo. Por esto se lo llama “Mundo venidero”, porque todo el tiempo él está “viniendo”, hacia nuestro mundo, corrigiéndolo. Si en lugar de mantenerlo en su dimensión eterna, nosotros convertimos el “mundo venidero” (mañana) en “este mundo” (hoy), estamos haciendo del mundo futuro- que es un mundo corregido y pleno, un mundo natural regido por la necesidad y lo determinado -como el mundo que quiere la serpiente del paraíso -, y así cerramos la posibilidad del “Tikun” (corrección), haciendo de nuestro mundo, un mundo trágico, sin esperanza y sin libertad.

Siguiendo este entendimiento, podemos explicar cómo se arraiga la singular percepción de lo temporal y lo eterno en la cultura occidental. En tiempos el imperio griego se expandió por todo el mediterráneo (y más allá) de la mano de Alejandro Magno (discípulo de Aristóteles), la mentalidad griega, la cual estaba fuertemente ligada a la tragedia, el mito y la estética visual, se encontró con el contenido judío. El imperio Griego conquisto la tierra de Israel y quiso imponer su cultura, pero este intento fue resistido bravamente por los Macabeos quienes fundaron la dinastía real Asmonea, durante un siglo, (desde el 164 al 63 a. C.) hasta el general romano Pompeyo capturó Jerusalén y sometió todo el reino al dominio de Roma.

Desde muchos aspectos, Roma es un continuador cultural de Grecia (por eso muchas veces se habla de cultura greco-romana). El resultado del encuentro Greco-Romano con el judaísmo, desde el punto de vista del tema que estamos tratando lo podemos sintetizar en una declaración que tiene profunda influencia en la percepción del tiempo:

 “El Verbo (logos) se hizo carne” (y se vio su gloria).

La Palabra, la cual podemos escuchar, nos conecta con la Voluntad moral de quien esta proviene. En cambio, el esplendor de la Gloria somete al entendimiento a una visión estática, exclusivamente intelectual y estética.

Este modo de entendimiento, que es claramente un producto del pensamiento griego, termina convirtiendo el “Logos” (la palabra) en “Visión gloriosa” (carne), lo “oído” en algo “visto”. Cuando la Palabra se convierte en carne, y la Gloria deleita nuestros ojos, el futuro cesa de fluir y ya no escuchamos más.

Podemos encontrar aquí la delgada raíz de la idolatría. Cuando el sonido de la palabra, esencia de la sabiduría y Fe hebrea, de La Voluntad y la Moral, se lo cambia por una forma visual, una figura, que por más bella y estética que sea, está encerrada en sí misma, como un Intelecto aprisionado. Entonces la Voz se petrifica. El movimiento se detiene. Y la eternidad queda sometida al instante.

Esto nos conduciría, en el mejor de los casos, a una pluralidad de instantes eternos desconectados uno de otro, un reino de la multiplicidad (que se acerca en muchos aspectos al pensamiento dominante en la cultura occidental posmoderna). Nuestros sabios nos enseñan a escuchar el futuro, a recolectar lo que está disperso, a unir lo que está separado, a buscar la “unidad” en todas las cosas. En la vida del hombre y también en el tiempo. La tradición judía anhela el reino de la Unidad.

Hay muchos testimonios, especialmente de experiencias extáticas o de “iluminación” que relatan como los seres humanos pueden lograr estados fuera del tiempo, haciendo del instante un punto atemporal, incluyendo técnicas de cómo lograrlo. Pero esto propone descartar lo temporal como perecedero, anular todo lo relacionado con “este mundo” limitado. La tradición judía nos enseña el valor de “este mundo” temporal, la importancia de lograr la conexión entre lo eterno y lo efímero, para así elevarlo sin suprimirlo.

La palabra, conecta los instantes aislados, y al mismo tiempo abre una brecha al futuro, una puerta a la esperanza y la libertad, para que El Mundo venidero, un mundo corregido y pleno, pueda seguir viniendo.

Uri Leiv

Acerca de Centro Noajida Mundial

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: