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¿Cómo están la Torá y la moral relacionados?

¿Cómo están la Torá y la moral relacionados?

-Por el Rav Uri Sherki (Traducido del hebreo. )

  1. El Carácter universal de la ética

La ética consiste en la definición del bien y el mal, y por lo tanto se ocupa de la educación del ser humano. Esta actividad es universal y no se limita a la nación de Israel. En toda sociedad humana, se desarrollan normas generales para un comportamiento apropiado, basadas principalmente en la naturaleza humana, que es básicamente recta. A pesar de que las normas éticas difieren de una sociedad a otra, el objetivo general de cada código moral es mantener a l ser humano honesto y en una trayectoria recta.

En todas las épocas, hay discusiones entre los seres humanos sobre el tema de cuál es la conducta apropiada. Algunas cuestiones  como si las personas deben honrar a sus padres, se han resuelto  y son aceptadas ampliamente. Pero otras cuestiones, tales como si la humanidad debe abstenerse de comer carne de los animales, no tienen aún un amplio acuerdo. En nuestra era, comer carne no se considera generalmente como un comportamiento ofensivo a pesar de que requiere tomar una vida con el fin de dar placer a un ser humano.

Las reglas de la moralidad en las diversas sociedades humanas son el resultado de la experiencia histórica acumulada,  por el método de prueba y error. Bildad, uno de los amigos de Job, dice: “Pregunta, te ruego, a las generaciones pasadas, y considera las cosas escudriñadas por sus padres. Porque nosotros somos de ayer y nada sabemos, pues nuestros días sobre la tierra son como una sombra.” (Job 8, 8-9). Es decir, con respecto a cuestiones básicas, un hombre debe apoyarse en la experiencia de las generaciones anteriores. No se puede asumir que todo lo que los antiguos decían es la verdad absoluta, pero si , que en función de sus errores, es posible generar un enfoque ético válido. Además, la tendencia moral de la raza humana, ha continuado desarrollándose durante toda nuestra historia, y el resultado es que las normas éticas indudablemente han mejorado y han alcanzado niveles más altos que en el pasado.

  1. ¿Cuál es la fuente de la moralidad?

La raíz de la tendencia moral que existe en el alma humana es el intento de acercarse a Di-s. Toda sociedad humana tiene una relación directa con la fuente de toda la vida, y esto lleva a un anhelo por el bien y por la honestidad. En ciertas épocas, la relación con la fuente de la vida tiene características tan idólatras y groseras, que la única manera para que la raza humana pueda avanzar éticamente es la negación de esta relación. Pero hay que señalar que en realidad este progreso se debe a una búsqueda aún más sensible de acercamiento a Di-s.

Las reglas morales son una expresión de la voluntad de Di-s, pero esto se revela en la humanidad a través de la naturaleza humana y no como un mandamiento. El Santo, Bendito Sea, creó al hombre con la capacidad de entender que ciertos tipos de comportamiento son apropiados y otros no lo son. Por ejemplo, el alma humana debe exigir, naturalmente, evitar el asesinato, y esto no es debido solamente a un mandamiento social o religioso. Además, es posible sostener, que tales tendencias comenzaron como leyes escritas por los seres humanos y  que luego se transformaron en una norma social, ya que el alma humana las acepto y se  adaptó a ellas.

  1. La Torá no es un sustituto de la moralidad humana

La Torá no fue dada a la nación de Israel con el fin de ser un sustituto de la moralidad humana. La moralidad humana debe existir dentro de una persona del pueblo de Israel del mismo modo que se puede encontrar en el corazón de cualquier otra persona, y sobre esta base, se apoya el nuevo plano  espiritual único de la Torá, que se agrega, como la parte superior de esta. Una persona con una débil base moral, que se encuentra con los mandamientos de la Torá es susceptible de llegar a una situación de aún mayor depravación moral, porque dentro de cada mandamiento, el  va a buscar las formas permitidas para cumplir sus propias  y bajas aspiraciones egoístas (y las poderosas emociones de santidad generadas, van a proporcionar una “motivación” aún más fuerte para sus acciones). Por ejemplo, si una persona no tiene una comprensión natural de la depravación moral involucrada en la difusión de calumnias acerca de otra persona y todas sus interacciones sociales estarán basadas únicamente en los límites de la Halajá (Leyes judias), él será capaz de pasar todos sus días ocupado en la difusión calumnias de formas permitidas por la ley – sin ningún sentimiento de cómo su alma se ve perjudicada por sus propias acciones. Esto es lo que el Rambam dictaminó: “Torá sólo se debe enseñar a un estudiante que es decente en sus acciones o a una persona sencilla, pero si una persona está en el mal camino, él debe ser devuelto a un camino correcto y sólo después… en caso de que se corrija, será aceptado en la Casa de Estudio  “. (Rambam – Leyes de Estudio de la Torá, 4,1)

La Torá no exige a  una persona el observar los mandamientos durante  los primeros trece años de su vida,  con el fin de que  pueda primero  construir y fundar  su carácter moral.

  1. ¿Por qué es malo forzar y desplazar la moral natural?

En la historia humana también, el comportamiento adecuado y ético, precedió a la Torá, como está escrito: “Durante veinte y seis generaciones, Derech Eretz – conducta apropiada – precedió a la Torá”. (Vaikrá Rabá 9,3). La Torá no fue dada durante los primeros años de la humanidad porque era primero necesario tener una preparación adecuada en términos de valores. Este hecho nos lleva directamente a la conclusión de que los avances en el conocimiento de la Torá, nunca deben ir en contra y  debilitar la moral natural. El rabino Abraham Isaac Kuk (el primer Gran Rabino de la Tierra de Israel, que fue uno de los gigantes espirituales del judaísmo de hoy en día, 1865 a 1935) advertía sobre este peligro. Él escribió: “Es un error que el temor a Di-s sea usado para desplazar a un lado la moral natural de un hombre, porque si lo hace, ya no es un ejemplo puro de temor de Dios.” (Orot Hakodesh Volumen 2, página 27)

Un ejemplo de la supresión y desplazamiento muy problemático de la moralidad natural puede ser visto donde tuvo lugar el proceso de expansión del cristianismo en Europa. Esta religión obligó a las naciones de Europa a observar partes de la Torá de Israel (muchos de ellos habían desarrollado un alto nivel cultural pero se mantuvieron ” bárbaros ” desde el punto de vista moral). Esta coacción se logró sin la preparación natural que era necesaria, el desarrollo de la moral natural del alma, y ​​el resultado, por tanto, no fue adecuado para la naturaleza interna de estas naciones. Una de las consecuencias de este proceso fueron los acontecimientos atroces de la Segunda Guerra Mundial, que actuó como “catarsis” para la liberación de las tendencias bárbaras del alma , que no fueron erradicadas a través de una adecuada  enseñanza moral,  que debía adecuarse al carácter de estos pueblos. Aquí es lo que escribió en su tiempo Heinrich Heine (Poeta Judío, uno de los más grandes autores de la Alemania moderna, 1797-1856): “En Alemania se llevará a cabo una conmoción dramática que a su lado la Revolución Francesa parecerá un inofensivo acontecimiento. El cristianismo ha suprimido el entusiasmo militarista de los alemanes, solo por el momento, pero no lo ha suprimido ni corregido. Tan pronto como se rompa el talismán de esta restricción, la violencia estallará de nuevo… “

Existe la tentación religiosa de pensar que observando los mandamientos una persona cumple automáticamente con sus obligaciones morales. Esto es muy peligroso, ya que podría causar a una persona religiosa el ignorar algunos de los factores más básicos de su personalidad. Nuestro Rav  Saadia Gaón (uno de los “genios” de Babilonia, el jefe de la Yeshiva de Sura, desde 882 hasta 942) escribe en su libro “La fe y del conocimiento” (Capítulo 3, 8) que un hombre le dijo una vez: Si un profeta nos ordenara que hagamos algo que contradice el intelecto o la ética, nos veríamos obligados a escuchar lo! desde el momento en que Dios  le dio una orden, el acto se hizo verdadero y moral. Rabeinu Saadia no estuvo de acuerdo, y afirmó que un hombre que habría mandado a otros a realizar actos que sean ilógicos o amorales  nunca podría ser considerado un profeta, y por lo tanto no lo debemos escuchar. El hombre respondió que la verdad y la moralidad se establecen sólo de acuerdo a los mandamientos de Di-s y que ningún ser humano puede interferir!  De modo que llegó a la conclusión de que nos veríamos obligados a escuchar al profeta. Rabeinu Saadia escribió que en ese momento en adelante se abstuvo de hablar con este hombre.

Hay periodos de tiempo en los cuales quienes observan la Torá carecen de rasgos específicos de comportamiento adecuado, de moral básica y natural, como por ejemplo el amor por los demás hombres o el deseo de reparar la sociedad. Esto lleva a la crítica moral de las demás personas, y esto rápidamente se puede transformar en una crítica a la propia Torá.

La verdad es que la palabra de Dios nunca será revelada a la humanidad sin estar precedida por una introducción moral, porque una persona inmoral no es ni digno, ni está listo para las palabras sagradas. Por tanto, es un error ver la palabra de Di-s que viene a través de la revelación como una revelación de “la verdadera moralidad” ya que esto  hace caso omiso de todo lo demás en la que esta revelación se apoya  y de lo cual también depende.

  1. El objetivo de la Torá

En vista de lo anterior, la Torá fue entregada sobre un fondo de desarrollo moral que la precedió, con el objetivo de elevar a la humanidad a un nivel superior aun. La Torá es la palabra de Di-s, que se vuelve hacia la humanidad, y la humanidad debe escuchar esta palabra después de haber perfeccionado  su Derech Eretz – comportamiento apropiado – que eleva al hombre hacia Dios. La falta para alcanzar el nivel el cual es  el objetivo de la Torá , no es una falta moral – las naciones del mundo están obligadas a ser éticas, a pesar de que no están obligadas de acuerdo a la tradición judía de observar las mitzvot.

Pero esto, entonces nos deja con un dilema: ¿Por qué la Torá nos ordena acerca de cosas que ya había alcanzado la moral humana, como por ejemplo  el asesinato y el robo? Hay varias respuestas a esta pregunta. Por ejemplo, Rabeinu Saadia Gaón escribió que incluso los mandamientos morales tienen muchos detalles que la humanidad no habría descubierto por su cuenta, y por esta razón es necesaria la revelación. En la antigüedad, los romanos escribieron que los Judíos son personas extrañas, ya que afirman que matar a un bebé pequeño es lo mismo que un asesinato. La moralidad humana acepta que es un error el quitar la vida, pero hay cuestiones delicadas que son muy difíciles de contestar. Por ejemplo, es  la eutanasia un asesinato o no? ¿Es el aborto un asesinato o no? ¿Hay alguna diferencia entre un feto y un bebé recién nacido? La Torá ha proporcionado respuestas halájicas detalladas a estas preguntas o ha dado métodos para llegar a una respuesta. El Maharal de Praga (un maestro de la Cabalá y filósofo judío prominente, 1520 hasta 1612) explica este concepto de otra manera: Desde el momento en que la nación de Israel se le dio la orden: “No matarás”, la prohibición – que hasta entonces no era más que un imperativo moral que ayudó a la gente a alcanzar la perfección – se transformó en un mandato divino que permite a la humanidad a aferrarse a lo infinito. Esta es una nueva forma de ver esta prohibición, una percepción que requisa, y eleva, la prohibición del reino de la moralidad humana.

  1. En el Fin – La moral

Una nota importante se debe añadir, algo que es más relevante para la nación de Israel. Además de las consideraciones anteriores, hay un valor moral intrínseco en la observación de las mitzvot que se deriva del hecho de que son las palabras de Di-s , transmitida a los hijos de Israel. Cualquier persona que se rebela contra la fuente de la vida – en contra del Santo , Bendito Sea, que se volvió hacia él – está actuando de una manera que muestra una falta de gratitud por lo que Dios le ha dado.

El valor moral de observar las mitzvot también se puede describir de otra manera: Cuando un Judio se da cuenta del valor moral de la aparición de Israel en el escenario de la historia y de la contribución judía a los avances de la moralidad humana, y cuando él comienza comprender la importancia de pertenecer a la nación de Israel según lo expresado por el cumplimiento de las mitzvot – esto se convierte en un imperativo moral para él. Sobre la base de un razonamiento en la Cábala, este enfoque se puede ampliar a una declaración de que el cumplimiento de una mitzva es moral en sí mismo, ya que con el acto de realizar o ignorar una mitzva se repara o daña una parte del mundo a la que está vinculada la mitzva . Esta es una manera de hacer hincapié en las exigencias morales de una persona: un acto humano puede arreglar una situación o causar daño. (El carácter moral de una persona seguirá dependiendo de su habilidad para reconocer la moralidad del acto en sí, y por lo tanto cualquier persona que no reconoce el significado moral de un acto o no lo ven como una obligación, no será considerada como una persona inmoral).

Tengamos en cuenta además, que nuestros sabios declararon: “Si no hay Derech Eretz no hay Torá, y si no hay Torá no hay Derech Eretz” (Pirkei Avot 3,17). Es decir, el comportamiento moral adecuado debe preceder a la Torá, pero después que la Torá ha sido revelada en base a la existencia a priori de Derech Eretz, un nuevo y más alto nivel moral se establece y deriva de la Torá misma.

Acerca de Centro Mundial Noájida

Centro Mundial Noájida
Nuestros objetivos: Difundir el mensaje de la Torá al mundo no judío. Actuar centralizando toda la actividad en nuestra sede en Jerusalén, en relación con los noájidas en todo el mundo. Servir como un centro de recursos de información y asesoramiento acerca de los principios y prácticas religiosas. Ayudar a establecer comunidades de noájidas en todo el mundo y brindarles apoyo. Establecer un vínculo entre el mundo no-judío y la tradición judía y los rabinos, incluyendo el reconocimiento formal de los Noájidas por las instituciones religiosas y nacionales del pueblo judío.

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