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¿Está el concepto de la Fe en contra de la inteligencia?

– Por el Rav Uri Cherki

  1. La fe – sólo lo que se ha demostrado

Es comúnmente aceptado que la creencia o la fe es la base de la vida religiosa de un individuo. Sin embargo, a pesar de muchas influencias mutuas, el concepto de Emuná en el judaísmo (que se traduce a menudo como creencia o fe) difiere en aspectos esenciales de la idea de la fe que se encuentra en el cristianismo. Por lo tanto, también es muy diferente de la idea comúnmente aceptada de la fe como se encuentra en la civilización occidental, en la cual el cristianismo jugó un papel esencial en su formación.

‘Fe’ se entiende generalmente como la aceptación de ideas que es imposible de probar, o que incluso pueden contradecir el intelecto (“Yo creo que a pesar de ser absurdo” o “porque es absurdo”). Contra este punto de vista nos encontramos con que el rabino Yehuda Halevi (reconocido poeta, filósofo, cabalista, y estudioso de la judería española, 1075-1141) escribe en su obra El Kuzari (I, 89): “Di-s nos libre de la idea que debemos creer en lo imposible o en cualquier cosa que el intelecto rechaza o ve como imposible”. Es decir: Uno de los principales fundamentos de la fe judía es que la Fe no debe contradecir el intelecto. El Judío está obligado a creer sólo lo que se ha demostrado que es correcto – o sea, si la prueba se basa puramente en las facultades intelectuales, y la evidencia efectiva recogida por los sentidos. De acuerdo con este punto de vista podríamos decir que el concepto de Emuná, la fe, está muy cerca de los conceptos de “conocer” o “ser cierto”. Por lo tanto, en la medida en que se refiere a la teología judía, “yo creo” realmente significa “yo sé”.

Cuando se demuestra la verdad de un concepto o una idea, se desarrolla una experiencia psicológica que acompaña la realización de esa verdad en el individuo. La experiencia psicológica que acompaña  la Emuná después de que ha sido confirmado como cierto, incluye un sentido de pertenencia y una calma anímica, que con el tiempo se transforma en algo aceptado y, potencialmente, incluso se convierte en tradición. Sin embargo, debemos recordar en todo momento que el fundamento de la Fe radica en la certeza de la prueba.

La más elevada forma de Emuná, entonces, es lo que ha sido aclarado por el intelecto de uno. Por lo tanto, la persona que es capaz de razonamiento intelectual nunca estará satisfecha con la fe ingenua. Y así debe asociar su fe a la totalidad de su comprensión. Sin embargo, los hombres difieren en el nivel de su capacidad intelectual, y por lo tanto el judaísmo no exige que cada individuo aclarar la Fe intelectualmente. Para algunos es suficiente saber que la Fe se basa en pruebas.

Dos puntos adicionales deben ser enfatizados: En primer lugar, no todo lo que es aceptado por el público religioso es, de hecho, obligatorio desde el punto de vista de la creencia judía. Por lo tanto, es necesario estudiar los diversos escritos que se ocupan de la fe judía de una manera seria con el fin de no incluir aquellos aspectos que, si bien son populares, no son necesarios. En segundo lugar, la persona no se mide por el contenido de lo declarado por su Fe, sino por los valores que se expresan en su comportamiento, de manera práctica.

  1. La revelación como fuente de pensamiento alternativo

Un hijo de Noé debería aceptar en sí mismo la Fe en el sentido judío del término.

Con el fin de tener una idea inicial de este tipo de fe, uno debe primero aprender la historia – no sólo la política, militar, y las historias económicas de las naciones, sino también y sobre todo la historia de las ideas, las creencias y conceptos, y por lo tanto examinar la contribución espiritual de la fe judía en el mundo en general de las ideas.

Más tarde, uno debe ser introducido a la tradición de la revelación en el Monte Sinaí. Es imposible que alguien que nunca ha oído hablar de esta tradición imaginar un Di-s que se revela y vela por todo, debido que es imposible de romper la barrera mental que la naturaleza pone ante nosotros.

El patrón de pensamiento de la persona común se centra en el supuesto de que la naturaleza es muda, y así se puede llegar a la conclusión de que “Di-s es el Primer Intelecto” o que “La naturaleza es Di-s”. Estos pensamientos le pueden llevar a descubrir el mundo, pero no al Creador del mundo. Nuestros Sabios, bendita sea su memoria, llaman a la persona que vive con este tipo de conciencia un Epikoros, un no creyente: “¿Quién es un Epikoros?  El que dice que el mundo es un autómata.” Es decir: el mundo actúa por su propia cuenta, de forma automática. Esta es una actitud perfectamente normal para quien vive y actúa en el mundo natural.

Por esta razón, la idea de la revelación es considerada paradójica por la línea regular de pensamiento, pues no hay una tendencia natural en la psique humana a aceptar la idea de una divinidad trascendente, que está más allá de toda realidad, y a pesar de esto encuentra interés en los más mínimos detalles de la conducta humana. Es cierto que la fe es una tendencia humana natural, implantada en la psique humana. Sin embargo, la fe natural no es la Fe en Di-s, sino la fe en la idolatría o paganismo, donde se forma una relación religiosa profunda y sincera con los poderes de la naturaleza que se encuentran en el mundo, y no más allá de él.

La revelación en el Monte Sinaí abrió una brecha a través de los patrones regulares de pensamiento y obligó a la conciencia humana a pensar en una nueva dirección. Podríamos decir que la mayor parte de la ocupación de la humanidad en la idea de una divinidad trascendente, deriva del conocimiento de esta revelación entre los pueblos del mundo. Tras la aparición de los profetas de Israel y la difusión de sus enseñanzas en todo el mundo durante cientos de años, surgieron filósofos quienes encontraron pruebas intelectuales de la existencia de un Di-s trascendente. El objetivo de sus investigaciones ya se había establecido, y por lo tanto el intelecto encontraba nuevas vías que antes eran insondables. El hombre nunca podría haber dicho: “Yo contemplé la naturaleza y descubrí a Di-s” si no hubiera escuchado de las tradiciones religiosas que es posible hablar de un “Rey, Creador del Universo ‘.

Los versos que hablan de la revelación en el Monte Sinaí dejan claro que el evento tuvo lugar en el contexto de escepticismo extremo de los que participaron en el. A los Hijos de Israel le resultó difícil aceptar la misión de Moisés, la cual no admitieron como algo obvio, e insistieron en escuchar la Palabra de Di-s directamente (Éxodo 19: 8): ” Y todo el pueblo respondió a una voz, y dijeron: Haremos todo lo que el SEÑOR ha dicho. Y llevó Moisés al SEÑOR las palabras del pueblo.”  En esto también se hace hincapié en el siguiente verso, en la respuesta de Di-s: “Y el SEÑOR dijo a Moisés: He aquí, vendré a ti en una densa nube, para que el pueblo oiga cuando yo hable contigo y también te crean para siempre.” En otras palabras: la revelación es necesaria para que las personas sepan que la ley de Moisés es cierta. Así es también como Rashi explica el verso: “He oído que es la voluntad del pueblo saber El directamente, porque no es lo mismo quien oye del mensajero, que quien oye de parte del rey directamente, y queremos ver a nuestro Rey”. En otras palabras, el mensajero no es tan creíble como el rey, porque él puede añadir o restar de sus palabras. Los hijos de Israel no estaban dispuestos a aceptar cualquier milagro como prueba concluyente de la misión de Moisés. Sólo cuando oyeron la voz de Di-s se convencieron. Escuchar la voz de Di-s es diferente de una manera esencial de cualquier milagro posible, y puede convencer también a los hombres escépticos.

  1. La narración bíblica como verdad histórica

Otra pregunta importante que debemos hacernos es: ¿Cómo podemos estar seguros de que la historia bíblica no es simplemente una invención?

Aquí hay que asumir dos principios fundamentales:

Primero: Toda historia que habla de un suceso fundador de una identidad nacional determinada, debe ser verdad.

Por ejemplo, ¿cómo podemos saber que la Revolución Francesa tuvo lugar de hecho? No necesitamos volar a Francia y analizar la documentación histórica. Es suficiente para esto, ver la  profunda huella que dejo la revolución en la nación francesa y en todo el mundo occidental para estar convencido de que esto ocurrió. Lo mismo sucede con el Holocausto: No creemos que el Holocausto tuvo lugar simplemente porque vimos fotografías o documentación. La evidencia principal del Holocausto es el trauma colectivo que dejó su sello en el pueblo judío. Cualquiera que observe el pueblo judío desde el exterior, puede ver que hubo un Holocausto, debido a que nosotros actuamos como víctimas del Holocausto.

Limitemos este principio a decir que hay dos tipos de historias formativas: hay historias que tienen que ver con el período en que la nación ya existe y otras historias que tienen que ver con el período anterior a la creación de la nación. Sólo la primera clase de historia debe poseer necesariamente verdad histórica, pues es imposible agregar o inventar una historia formativa que nunca sucedió, a toda una nación. El segundo tipo de historia, sin embargo, no tenía por qué tener lugar realmente, ya que se podría haber  fabricado y luego reforzado entre la población a través de la propaganda. El mito que rodea el establecimiento de la ciudad de Atenas por la diosa Atenea, por ejemplo, es una historia sin fundamento porque ocurrió fuera del período de la historia griega. Pero la batalla de Troya, ciertamente sucedió porque es una ocurrencia formativa que tuvo lugar después de la creación de la nación griega. Por lo tanto, si se hubiera entregado la Torá a los Patriarcas (Abraham, Isaac y Jacob) y tuviéramos que basar nuestra fe en este hecho, sin duda podríamos dudar de la validez de esta historia, debido a que el pueblo de Israel aún no había aparecido como nación.

Segundo: Una historia que no se puede fabricar debe ser verdad.

Este es el argumento traído en Deuteronomio (Deuteronomio 4: 32-33): “Ciertamente, pregunta ahora acerca de los tiempos pasados que fueron antes de ti, desde el día en que Di-s creó al hombre sobre la tierra; inquiere desde un extremo de los cielos hasta el otro. ¿Se ha hecho cosa tan grande como ésta, o se ha oído algo como esto? . 

Las Escrituras nos invitan a investigar las historias de los pueblos en todas partes del mundo para examinar si una cosa grandiosa como esta había sucedido o se había escuchado alguna vez algo así. “Había sucedido” (¿Se ha hecho cosa tan grande como ésta) significa: si pasó – es decir, como una historia real, y “Había escuchado” (¿o se ha oído algo como esto?) – significa: si se contó – es decir, se le ha dicho tal cosa, incluso si nunca hubiera sucedido. ¿Cuál es el significado de esta investigación?

Continúa el versículo:

¿Ha oído pueblo alguno la voz de Di-s, hablando de en medio del fuego, como tú la has oído, y ha sobrevivido?”

Es decir: La búsqueda de cualquier otra tradición que habla de la revelación del Creador – ya sea histórica o mitológica – es en vano. Es imposible inventar una historia así, debido a que la idea de la revelación del Creador es extraña a la psique del hombre. La idea de que el Creador de todo, descendió de su lugar supremo y se abrió paso en nuestra existencia con el fin de mandar al hombre a actuar de una manera específica y no de otra, no es normativo. Ni siquiera es concebible como una historia de ficción. Por lo tanto, es totalmente incomprensible que una nación entera hable sobre estar expuesto a la revelación divina. Pongámoslo de esta manera: Las únicas personas que concibieron la idea de que el Creador del mundo habla, son aquellos que dicen les habló a ellos, y por lo tanto están hablando con sinceridad.

Vamos a ilustrar este argumento con la siguiente historia: Un niño que se crio en un ambiente de habla solamente en español vuelve a su casa un día y dice dos frases en japonés. Sus padres le preguntan: ¿Quién te enseñó esas frases? Cuenta cómo, en su camino a casa, se encontró con dos personas con ojos rasgados y una cámara grande y le dijeron esas frases. No hay manera de que no le creamos, ya que el niño no tiene otra fuente de conocimiento con respecto a aquellas personas u oraciones. Hay algunas declaraciones que son imposibles de inventar, y por lo tanto no pueden ser mentiras. Lo mismo sucede con la revelación: A partir del período de la prehistoria hasta hoy nunca ha habido una civilización que ha concebido una historia de revelación del Creador. Aquí vemos la centralidad del fenómeno de la profecía en Israel, ya que es la base de todo el concepto de la Fe.

La Filosofía presocrática sirve como un ejemplo perfecto para el asunto en cuestión: Todos los filósofos de la época eran panteístas de una manera u otra, y eran incapaces de elevarse más allá de los límites del cosmos y el cumplimiento de una divinidad trascendental. En varias historias mitológicas podemos encontrar dioses que se revelan a los hombres, pero las historias nunca se refieren al Di-s que es el Creador de todos, y que sigue siendo trascendental y abstracto, sino más bien, ellos hablan de dioses menores que son, al final, simplemente partes de la creación misma. Por lo tanto, si hay toda una nación que dice que experimentó un encuentro con Aquel que está fuera del mundo, esa nación está necesariamente contando una historia verdadera, ya que tal idea no podría haber sido siquiera concebida por ellos mismos.

Acerca de Rav Uri Cherki

Rav Uri Cherki
El Rabino Uri Cherki nació en Argelia en 1959, se trasladó con su familia a Francia, en donde vivió algunos años, y concretó su aliá a Israel en 1972. Ha sido discípulo del Rabino Zvi Yehuda Hacohen Kook en Merkaz Harav, y del Rabino Yehuda León Ashkenazi. Se ha graduado de rabino y ejerce como rabino de la congregación Bet Yehuda en el barrio Kiriat Moshe de Jerusalém. Asimismo, dirige el Departamento Israelí del Instituto Meir, el centro de Meir de estudios judíos en francés [CMEJ] y el centro mundial de Noájidas e imparte clases de judaísmo en Roch Yehudi.

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