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JAIEI SARÁ – LA VIDA DE SARA

Dos historias que nos ilustran sobre diferentes aspectos de la importancia y los efectos positivos del compartir…

JAIEI SARÁ – LA VIDA DE SARA

Génesis 23:1 – 25:18

Algunos conceptos, preceptos o valores de la porción semanal:

Nuestras obras hablan por nosotros.
Compartir.
Saber vivir y disfrutar los años de nuestra vida.
Acompañar a los dolientes.
Propiedad de la Tierra de Israel.
Amor a primera vista.
La verdad.
Meditación y plegaria.

HISTORIA SEMANAL

Estimados lectores, para esta ocasión elegí, entre todos los valores que la porción semanal contiene, ofrecerles no una, sino dos historias que nos ilustran sobre diferentes aspectos de la importancia y los efectos positivos del compartir.

MARES DE ISRAEL

Existen dos mares muy conocidos en Israel. Uno es fresco y lleno de peces, hermosas plantas adornan sus orillas; los árboles extienden sus ramas sobre él y alargan sus sedientas raíces para beber sus saludables aguas y en sus playas los niños juegan.

El río Jordán alimenta este mar, el Kineret, con burbujeantes y cristalinas aguas que descienden de las colinas. Los hombres construyen sus casas en sus cercanías, como los pájaros sus nidos en los árboles de los alrededores.

El mismo río Jordán corre hacia el sur a otro mar. En éste no hay vestigio de vida, ni murmullos de hojas, ni canto de pájaros, ni perfumadas flores, ni sombra de árboles. El aire es espeso sobre sus aguas y ningún hombre ni animal la puede beber.

¿Qué hace esta gran diferencia entre mares cercanos, alimentados por el mismo río?

No es el río Jordán. Él lleva la misma agua a los dos mares. No es el suelo sobre el que están, ni el campo que los rodea. La diferencia es que el Kineret recibe las aguas del río pero no las retiene. Por cada gota que recibe, otra gota sale. Mientras que el otro mar, el Iam Hamelaj, retiene cada gota que le llega, no la comparte. Allí queda. Lo conocemos como el Mar Muerto.

OTRA HISTORIA
EL CIEGO

Una noche un hombre caminaba por las oscuras calles llevando una lámpara de aceite encendida. La ciudad era muy oscura en las noches sin luna. En determinado momento, se cruza con otra persona. Ésta lo mira, lo reconoce, se da cuenta de que es el ciego del pueblo. Entonces, le dice: “¿Qué haces con una lámpara encendida?, si tú no ves.”

Entonces, el ciego le responde: “No llevo la lámpara para ver mi camino. Conozco las calles de memoria. Llevo la luz para que otros encuentren su camino cuando me vean a mí. No sólo es importante la luz para mí, sino también para que otros puedan servirse de ella. ¿No sabes que alumbrando a otros, también me beneficio yo, pues evito que me lastimen aquellos que no podrían verme en la oscuridad?”

Moraleja:

Cada uno de nosotros puede alumbrar el camino para ser visto por otros, aunque uno, aparentemente, no necesite esa luz. Alumbrar el camino de los otros no es tarea fácil. Muchas veces en lugar de alumbrar, oscurecemos aún más el camino del prójimo. ¿Cómo? A través del desaliento, la crítica destructiva, el egoísmo, la envidia, el odio, el resentimiento, la maledicencia.

Que distinto sería el mundo, nuestro país, nuestra sociedad, incluso nuestra familia, si todos compartiéramos nuestra luz, nuestros buenos consejos, nuestra amistad sincera, iluminando así el camino del prójimo.

PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO Y LA REFLEXIÓN

¿Piensas en las posibles consecuencias antes de actuar? En caso de que éstas sean negativas, ¿actúas igualmente o modificas tu comportamiento?

Consulta con tus mayores, ¿qué pasos han seguido, o no, para llegar a ser lo que son?

¿Usas tu tiempo en forma valiosa? ¿Qué consideras valioso?

Acerca de Rabino Aaron Ribco

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